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Definiendo a los niños y niñas de la calle (II)


Si resulta complejo dar una definición de infancia, lo es de igual modo precisar quiénes son los niños/as de la calle. Es en esta indeterminación en la que se basan algunos autores para decir que no es posible concretar el  número de niños/as de la calle a ningún nivel, porque si no se tiene claro quiénes son, ¿cómo se puede saber cuántos hay?. Las cifras, sin duda, son llamativas pero no ayudan a aclarar la complejidad de algunas problemáticas.

2.-¿Quiénes son los niños/niñas de la calle?

Casi todos los autores que estudian el fenómeno hablan de dos categorías principales (fueron las que en su día propuso UNICEF), niños/as en la calle y de la calle:

-Niños/niñas en la calle: son aquellos que pasan la mayor parte del tiempo en la calle, pero mantienen relaciones cercanas con sus familias.

-Niños/niñas de la calle: pasan el día y la noche en la calle y están funcionalmente sin soporte familiar, bien porque tienen los vínculos familiares rotos bien debido a la inestabilidad de sus familias de pertenencia. En algunos casos han sido abandonados por éstas  y en otros casos ellos mismos decidieron irse. Comen, duermen, trabajan, hacen amistades, juegan en la calle y no tienen otra alternativa que luchar solos por sus vidas.

Sin embargo, la anterior clasificación es demasiado rígida. Heinonen [1] mantiene que debido a que no forman un grupo homogéneo pueden estar durante un tiempo en una categoría y durante otro tiempo en otra, o incluso en dos a la vez. Thomas de Benítez [2] también resalta la dificultad de la definición. Según esta autora, los niños tienen múltiples identidades y relaciones fuera de la calle y la experiencia de las complejas circunstancias  desafía una fácil definición.

Ell fenómeno se da tanto en zonas urbanas como rurales y  a la hora de abordar la problemática hay que tener en cuenta que  la mayoría de “ellos” son niños porque la calle es el lugar donde más fácil se pueden ganar la vida, frente a las niñas a las que se las retiene en la casa (y en ocasiones en prostíbulos, UNICEF), el ratio en Etiopía es aproximadamente de 4 niños en la calle por cada niña  [3.1].

Aptekar y Heinonen (2003) proponen tres categorías: los niños llamados street working children, quienes viven en casa, van al colegio la mitad del día y trabajan/comercian en las calles; working children, viven en casa y tienen 8 o más años de edad y no duermen en las calles, pero tampoco van al colegio y trabajan todo el día en las calles; y finalmente, los street children quienes no van al colegio y duermen en las calles todo el tiempo [3.2] .

Rompiendo estereotipos: 

Se puede observar que los niños de la calle son estigmatizados por la sociedad, vapuleados por la policía que los trata como delincuentes y por los medios de comunicación que no ayudan a dar una imagen positiva, resaltando siempre  los típicos roles de vagabundos y delincuentes y  finalmente son tratados como víctimas por algunas ONG. Se les ve, a menudo, como una amenaza para la sociedad de bienestar.

Heinonen [4] afirma que tanto las ONG como los medios locales ofrecen siempre un retrato de ellos como víctimas inocentes de una sociedad enferma, prevaleciendo los estereotipos que raramente tienen connotaciones positivas. El público en general no acepta ver a los niños en las calles sin el cuidado parental y la supervisión adulta. Sin embargo, el que estén en las calles puede llegar a ser fruto de una decisión derivada, por ejemplo y haciendo una paradoja, de estar en peor situación en un centro, orfanato u en la propia familia, que en la calle.

Otra de las realidades que se ocultan detrás del fenómeno es que a veces los niños no se encuentran en la calle debido a un abandono familiar. Por ejemplo, [5] en el caso de Colombia, Aptekar (1988) ha destacado que cuando los niños/adolescentes están en las calles de hecho están viviendo una etapa en el ciclo doméstico de la familia afrocolombiana, que sirve para el aprendizaje de las habilidades de supervivencia independiente que continuarán utilizando durante su vida adulta.  Por su parte, Hecht (1998) ha sostenido que los residentes urbanos pobres de Brasil, tanto adultos como niños, conciben a la niñez como un tiempo para ayudar a sus madres y hermanos menores contribuyendo a la economía familiar. Argumenta, además, que los intentos de las organizaciones de asistencia por sacar a los niños de las calles, en lugar de protegerlos, en realidad estorban sus esfuerzos por contribuir a la economía familiar y ponen en peligro las relaciones con sus parientes.

Bajo varios nombres: 

En Etiopía son los Godana Tedadari, nombre en amárico  que evita la palabra “niño” y que significa aproximadamente “los que viven en la calle”. El amárico término Berende Adari significa, más o menos, los que duermen en verandas [6].

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