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Hora de reflexión


Algunos/as de los que me seguís en este blog seguro que habéis comenzado a pensar por qué estoy tan empeñada en áreas como la innovación y el emprendizaje. Quizás hasta estéis algo perdidos porque no entendéis muy bien a qué viene todo esto si empecé queriendo hablar sobre Etiopía y el proyecto de los niños/as de la calle (Angels Children Home-A.C.H). Llegó la hora de reflexionar sobre todo ello.

El blog como ya habéis leído más de una vez en la pestaña Fabricante surgió tras mi viaje a Etiopía. Sin embargo, toda la corriente subterránea que está detrás de ese impulso me persigue desde hace años. En otros lugares he participado en voluntariados, por ejemplo con colectivos gitanos en el sur y comedores sociales en el norte, he tenido momentos en los que no me he involucrado con nada porque tenía otras personas a las que atender y otros intereses y he  viajado y he observado, echando una manita aquí y otra allá, recibiendo mucho más que dando, maravillándome y  defraudándome también. Y casi siempre intentando escuchar atentamente.

Me cuesta mucho hablar en primera persona y quería que el blog fuera como un espacio donde se oyeran las voces de todo/a aquél que tuviera ganas de compartir y de expresar algo, pero comprendo que es difícil. Si algo he aprendido en mi recorrido vital es que cada cual tiene su ritmo y sus horizontes y los expresa cuando llega el momento de hacerlo, no antes, no después.

Viene esta reflexión porque soy de las que cree que el camino no se hace solamente con acciones, hay que pensar y meditar cómo vamos y si el objetivo sigue indemne. Cada cierto tiempo si me acompañáis todavía, me gustaría compartir mis dudas y mis vacilaciones con vosotros/as, mis pasos y mis nuevas ilusiones.

No me he olvidado de los que  hicieron que todo esto se moviera, que yo me moviera;  los niños/as de la calle siguen estando en el centro sobre el que gravita el blog, pero es difícil dar con la forma sobre cómo actuar. La Asociación que está detrás en Etiopía es pequeña, ni siquiera tiene página web y las comunicaciones con ellos, aunque constantes tienen las limitaciones propias de hacerlas con la única persona que se encarga allí también de buscar socios partícipes, es el gerente y principal dinamizador. La mayor alegría ha venido de los proyectos que han ido surgiendo; sobre todo la exposición de fotografías de Mari Martinez, que se ha prorrogado hasta el 7 de abril y que queremos traer al País Vasco. También estoy especialmente contenta de que se me ofreciera la oportunidad de difundir un proyecto como el de Flying batteries que es un compendio de originalidad, sostenibilidad y cooperación todo a la vez y que espero que entre todos/as hagamos que sea un éxito.

Etiopía es un país extraordinario, pero la ayuda al desarrollo ha dejado una muy honda huella en aquel país. Es difícil emprender algo y las ONG que desarrollan el trabajo allí se encuentran con muchas dificultades a la hora de llevar adelante algo. Soy consciente. Además las primeras paradas han venido desde mí misma, porque no encuentro la manera de hacerlo. No hallo el camino, pero sigo intentándolo.

Me gustaría aportar algo diferente porque creo que el mundo está cambiando, las relaciones entre países también, África muy lentamente quiere sacudirse y construir futuro. Quieren, ellos mismos lo dicen, “Trade not Aid”. Yo quiero estar ahí. Porque pienso que todos deberíamos poder desarrollarnos con plenitud, ser dueños de nuestro presente e imaginar nuestros sueños de futuro. Y quiero estar aquí. Porque creo que queremos un mundo más justo, más igualitario y más humano.

Por eso me gustan las palabras innovación (Solerebels) , crowdfunding (Kiva), emprendedores sociales (Riki Tiki Tavi). Me suenan no a nuevas formas de ganar dinero sino a nuevas formas de colaborar, de compartir, de cocrear. Las hago mías en el sentido de hacerlas parte de una nueva realidad que puede ayudar a cambiar las relaciones, las formas de actuar en el Sur. Las veo como otros instrumentos que pueden conducir a otros caminos. Sé que por sí mismas mueven limitadas realidades y que el cambio verdadero precisa de más componentes, pero pueden ayudar a lograrlo.

Siempre he sido una niña pequeña que se extasía conjurando palabras. No soy una emprendedora social. No he descubierto ni descubro nada nuevo. Al contrario, soy una ” recibidora social” que se nutre de lo que los demás sueñan e imaginan, para intentar comenzar algo.

Sigo pensando que la conciencia de un problema puede no significar mucho, pero creo que es el primer paso para permitir el cambio.

La imagen está cedida por Martin Leon-Barrieto de 
su libro,sobre un maravilloso viaje, "El camino de Olaj"
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2 comentarios Escribe un comentario
  1. Buf, la conciencia…. pasa algo parecido con los ideales, que hay gente que se quedó en los cigarrillos de liar.
    Buen post… y buena foto.. 🙂

    marzo 29, 2013
    • Como escribió Lillian Hellman, y en lo que a mi respecta, “no puedo ni pienso recortar mi conciencia para que encaje en la moda de este año”.
      Gracias por tu apoyo, majo.

      marzo 29, 2013

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