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Modos de ver


“Solamente vemos aquello que miramos y mirar es un acto voluntario” (“Modos de ver”. John Berger).

“Mirar” es detener la vista en algo. “Ver” implica mirar y prestar atención a lo que miramos, hacernos partícipes inmediatos. Podemos mirar un cuadro pero no verlo. No interiorizarlo, no buscarle significados ni sentidos, no captar la belleza de sus colores, el trazado del dibujo. Estar como si estuviéramos delante de una pared blanca.

Por modos de ver, ¿qué podemos entender?:

Percepción a través de los ojos: la vista, ese gran sentido. Por los ojos entra el mundo entero sin nosotros darle permiso. Cuántas verdades y cuántas mentiras han traspasado nuestras mentes en forma de imágenes. Qué cantidad ingente almacena nuestro cerebro a cuenta de ella.

Formas en las que contemplamos la realidad: según la manera en la que lo hagamos interpretaremos de una manera o de otra. Pero la visión de lo que vemos es siempre particular, nuestra, relativa. Lo que ven mis ojos no lo ven otros ojos, es una visión singular y también preconcebida, porque en mi mirada hay  una diversidad de componentes (tantos como los que forman mi persona) que determinarán la interpretación de lo que veo.

Maneras de pensar: usamos la vista para explicar aquello en lo que creemos (“desde nuestro punto de vista”), aquello que está en nuestra cabeza y que queremos exponer desde un ángulo determinado.

Podemos mirar muchas cosas y no reparar en ellas, no verlas. A veces necesitamos un ejercicio posterior de reflexión e introspección para intentar entender/comprender lo que hemos visto. Otras muchas no será necesario porque las apartaremos sin más, no queriendo que se inmiscuyan en nuestro yo particular, en nuestra esfera de intereses.

Preferimos, a menudo, “no ver”, ya lo afirma el dicho “ojos que no ven, corazón que no siente”. La voluntad de la que hablaba Berger. Es así de fácil cómo muchas personas son invisibles. La invisibilidad es la consecuencia del “no ver” a los otros. Puedes tenerlo delante, mirarlo y no verlo, puedes tenerlo muy lejos y no querer verlo.

Y, sin embargo, no solo vale con ver, que hay que comprender cómo se ve también. Porque según cómo se vea, se interpreta, se interconexiona con lo que se ve de una forma u otra o se repele, se rebela.

Para algunos, una imagen lo puede explicar todo. Para otros, mil palabras pueden abrir puentes entre ideas que jamás habríamos llegado a elaborar. Cuántas veces nos hemos conmovido más con la lectura de un libro que con la contemplación de un cuadro. O al revés. El libro (lenguaje escrito) también es un modo de ver personal. Cada uno contempla el mundo y lo describe, lo puebla, lo interpreta según su punto de vista. Una fotografía (lenguaje visual), por ejemplo, es el enfoque que alguien le ha dado a una situación concreta. 

Los puntos de vista son infinitos, los modos de ver son tantos como personas pueblan el mundo. A menudo ante un mismo hecho nos podemos encontrar con un sinfín de interpretaciones, sentimientos, ideas, conmociones, indiferencias… porque cada uno aporta  su propia singularidad. Si es capaz de ver.

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