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Por los derechos de los niños de la calle: Asfaw Yemiru


Hay un premio que entregan los niños y niñas de todo el mundo. Se llama “The world´s children´s prize“.  Este premio está respaldado por personas de la talla de Nelson Mandela, Aung San Suu Kyi y Xanana Gusmão. Funciona de la siguiente manera: un jurado compuesto por niños y niñas, cuyas vidas han sido especialmente difíciles, propone a tres finalistas y, posteriormente, se abre la votación a la participación de todos los niños y niñas del mundo. Para hacernos una idea, han llegado a votar 7,1 millones de niños.

En 2013 están nominados: Sompop Jantraka, por su lucha de casi 25 años contra la trata de personas y el uso de niños en la industria sexual y en otros trabajos forzados 
dañinos; Kimmie Weeks, porque durante más de 20 años, desde los 10 años de edad, ha luchado por los derechos del niño y especialmente por los niños afectados por la guerra y James Kofi Annan, por su trabajo contra la esclavitud infantil. Estas personas, casi anónimas, han aportado mucho para que nuestro mundo sea más justo. En 2009 se lo dieron al etíope Asfaw Yerimu y hoy os quiero hablar de él.

Asfaw Yemiru fue un niño de la calle en Addis Abeba y a los 14 años comenzó su proyecto de crear una escuela de acogida porque consideraba y considera que la educación es el único camino para seguir adelante. Ha logrado que la Asra Hawariat School haya servido para cambiar la vida de miles de niños etíopes. Además, consciente de que tras el paso por la escuela sus alumnos no tenían cómo ganarse la vida, en 1972 fundó el centro de formación Moya, que en amárico significa “trabajar juntos“.

“La educación permite tener conciencia crítica y una amplia visión de la igualdad en el mundo para las necesidades básicas de la vida de todos los pueblos”.

El fundador de la escuela [1]

Asfaw provenía de una familia rural, su destino era el de cuidar del ganado que su familia poseía y atender a las clases de la escuela rural, en su tiempo libre. Sin embargo, Asfaw pensaba que solamente en Addis Abeba podría llegar a adquirir los conocimientos que deseaba poseer. A pesar de la oposición de su familia, un día partió hacia la capital.

Allí le esperaba una vida dura. A menudo no tenía nada para comer, vivía como muchos otros niños pobres, trabajando como porteador y acudiendo a la escuela. Cuando tenía 9 años, una mujer pasó cerca de él con unas cestas llenas de quesos. Algunos de ellos se le cayeron y Asfaw corriendo los recogió del suelo y se los devolvió. La mujer, entonces, se interesó por el niño que había actuado de aquella manera y le ofreció quedarse en su casa.  Así consiguió una beca para la escuela Wingate.

Pronto destacaría en sus estudios y a la edad de 14 años comenzó a darse cuenta de cuál era su situación y la del resto de los niños que vivían en la pobreza. Pensó que él tenía suficiente comida y que se podía hacer algo para mejorar la realidad de los que no habían tenido su suerte. “ Vi que me daban todo, educación, comida, libros, era extraño para mí no tener que devolver nada y lo hice de esa manera”, explica Asfaw. Les daba comida y ropa, pero pronto se dio cuenta de que lo que los niños le demandaban era poder ir a la escuela como él. Así, comenzó a impartir lecciones debajo de un roble.

Con 17 años, tenía aproximadamente 200 alumnos. Asfaw quería ir a la universidad pero sentía que no podía abandonar a aquellos niños. Un día la escuela Wingate recibía la visita del por entonces Emperador de Etiopía, Haile Selassie. Asfaw pensó que allí estaba su oportunidad y le pidió tierras para construir su escuela, ante el estupor de todos los que rodeaban por la osadía que había demostrado.

Haile Selassie le dio tierras y Asfaw construyó su escuela. Dejó pasar la oportunidad que se le abría con una plaza en la universidad y decidió volcarse en aquel proyecto. Para conseguir dinero para ponerla en funcionamiento, propuso una marcha de 1.000 kilómetros hasta Harar. Junto con sus alumnos comenzó la marcha que solo él concluiría.  Al término de la misma las donaciones comenzaron a llegar.

La escuela Asra Hawariat [2]

Tras su reconocimiento oficial por las autoridades, cabe destacar que en ella los alumnos conseguían los mejores resultados del país año tras año.

La escuela y los materiales de estudio eran gratuitos, pero no siempre era suficiente ya que las familias más pobres dependían de sus hijos para trabajar. Con las ayudas que iba recibiendo de personas e instituciones Asfaw también proporcionaba dinero a las familias, así como leche todos los meses o una contribución para que ellas pudieran criar pollos y ser autosuficientes.

En la escuela se prohibía golpear a los niños (algo habitual en las escuelas públicas), y se les motivaba en una atmósfera positiva de compromiso y respeto. Los niños no sólo aprendían las materias habituales, sino también labores prácticas como por ejemplo administrar una granja.

Asfaw hizo posible que muchas niñas pudieran asistir a la escuela, de hecho asistían en mayor número que los varones. En otras escuelas del país la situación era la opuesta.

“Todos los problemas se pueden resolver siempre y cuando uno tenga una enorme valentía, interés y creencia en lo que se piensa”
Una cita del diario de Asfaw de agosto 1972

Su vida, como habéis leído, ha sido un largo y duro camino. Incluso ha estado encarcelado varias veces.

Miles de niños han recibido educación gracias a él. Sin embargo, él  se siente triste por no haber podido ayudar a un mayor número de ellos.

En Diciembre de 2010, la Fundación gallega Tierra de Hombres quiso reconocerle esa vida solidaria, haciéndole entrega del Premio Honorífico de la Fundación, junto a otras instituciones que también colaboran en su proyecto.

Espero conocerle algún día.

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2 comentarios Escribe un comentario
  1. Me alegro de que haya sido la Fundación gallega de Tierra de Hombres quien le ha concecido este premio.

    mayo 27, 2013
  2. Gracias por devolverme los sonidos de Ethiopía…. Y gracias por darnos a conocer esta historia.

    mayo 27, 2013

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